La industria vitivinícola en México ha dejado de ser un nicho aspiracional para convertirse en un sector agroindustrial con peso económico, proyección internacional y alto atractivo para la inversión.
En los últimos cinco años, el vino mexicano ha ganado presencia en mesas, anaqueles y mercado a nivel nacional e internacional, impulsado por:
- Cambios en el consumo.
- Expansión productiva.
- Mayor profesionalización del sector.
Hoy, analizar su evolución es clave para entender nuevas dinámicas de riesgo, crédito y crecimiento dentro de la economía nacional.
De uva discreta a protagonista: ¿cómo cambió el mercado mexicano del vino en cinco años?
El incremento de la participación del vino mexicano en el consumo nacional refleja un cambio estructural profundo en la industria vitivinícola.
Hace apenas dos décadas, solo 10% de las botellas abiertas en México eran de origen nacional, según el Consejo Mexicano Vitiinícola (CMV).
Para 2025, esa proporción alcanzó 39%; es decir, cuatro de cada diez botellas de vino consumidas ya son mexicanas, lo que refleja un cambio estructural en preferencias, calidad percibida y posicionamiento del producto local.
Este avance no responde únicamente a una preferencia emocional por lo local, sino a una mejora sostenida en calidad, estandarización productiva y posicionamiento de marca, que ha permitido al vino nacional competir de forma más directa con importaciones tradicionales.
Este crecimiento ha ido acompañado de una expansión territorial relevante. En 2024, México contabilizó 17 estados con producción vitivinícola, frente a solo seis estados hace una década, de acuerdo con el CMV.
En paralelo, la superficie dedicada al cultivo de uva para la producción de vino creció 40%: de 6,800 hectáreas en 2014 a 9,430 hectáreas en 2024, consolidando una base agrícola más robusta.
La expansión de la producción a más de la mitad de los estados del país, junto con el crecimiento en la superficie cultivada en una década, confirma que el sector pasó de ser regional y concentrado a más diversificado, resiliente y con mayor capacidad de escala, fortaleciendo su integración en cadenas agroindustriales y logísticas de mayor valor.
¿Cuál es el consumo nacional de vino en México?
Desde el ángulo del consumo, el cambio es aún más claro. El consumo per cápita de vino aumentó de 250 ml a alrededor de 1.2–1.3 litros por persona en menos de diez años, aunque sigue muy por debajo de mercados maduros como Estados Unidos o Europa.
México consume alrededor de 208 millones de botellas de vino al año, según datos de Vid Mexicana.Este volumen equivale a 2.1 millones de cajas anuales, de las cuales 40% corresponden a producción nacional y 60% a importaciones, confirmando que el vino mexicano gana terreno, pero aún compite con producto extranjero.
Lo anterior muestra un avance significativo en la preferencia por lo local, aunque el peso de las importaciones indica que la competencia internacional sigue marcando estándares de precio, distribución y posicionamiento.
Este consumo se concentra en aproximadamente 6.5 a 8 millones de mexicanos, lo que evidencia un mercado todavía subpenetrado, pero con alto potencial de expansión.
Para la economía mexicana, esto implica oportunidades relevantes en inversión productiva, financiamiento, distribución y exportación, pero también mayores exigencias en gestión de riesgos comerciales y financieros
Los precios, la producción y el valor que nos regalan los viñedos
La convivencia entre producción nacional e importada ha elevado el nivel del mercado, obligando a los productores mexicanos a profesionalizar procesos, ampliar portafolios y fortalecer sus canales comerciales.
En términos de precios, de acuerdo con Abedrop, 79% del vino mexicano se vende por debajo de los $500 pesos.
- 50% de los vinos se venden entre $300 y $500 pesos.
- 25% por debajo de $200 pesos.
- Solo 21% supera los $500 pesos.
Esto ha permitido que el vino deje de ser un producto ocasional, ampliando la base de clientes y aceptándose como parte del consumo cotidiano.
Desde el punto de vista económico, la industria vitivinícola en México está valuada en alrededor de 2,000 millones de dólares, considerando producción, comercialización e impacto indirecto.
Terruños que exportan y generar empleo
La escala productiva de la vitivinicultura en México confirma que la industria ha superado su fase artesanal para convertirse en una plataforma agroindustrial con impacto sistémico.
Hoy podemos ver una base agrícola diversificada que permite abastecer simultáneamente mercados de uva fresca, uva industrial y vino, reduciendo riesgos y estabilizando ingresos a lo largo del ciclo productivo.
México cuenta actualmente con 35,823 hectáreas asignadas al cultivo de vid, de las cuales se obtienen 452,927 toneladas de uva, incluyendo uva de mesa, industrial y para vino. De ese total, más de 73,000 toneladas corresponden a uva industrial destinada a la vinificación en al menos 15 estados productores, con una producción cercana a 4 millones de cajas de vino al año. Una descentralización productiva relevante, que fortalece economías regionales y mitiga la dependencia de un solo polo vitivinícola, como históricamente ocurrió con Baja California.
Desde la óptica económica y laboral, la industria del vino opera como un motor de encadenamientos productivos de alto valor agregado. En total, la industria suma más de 27,000 empleos directos y alrededor de 700 empresas, sin contar efectos indirectos en turismo, logística y comercio
Esto posiciona al vino como un generador de empleo industrial, no solo agrícola, con capacidad de atraer inversión y sofisticar procesos.
En comercio exterior, España absorbe cerca del 37% de las exportaciones de vino mexicano, mientras que Chile concentra 25% del mercado sudamericano, posicionando a México como un productor emergente con presencia internacional.
En comercio exterior, la concentración de exportaciones hacia España y Chile revela que el vino mexicano comienza a insertarse en mercados maduros y competitivos, lo que implica mayores exigencias de calidad, cumplimiento financiero y gestión de riesgos, elementos críticos para la consolidación internacional del sector.
El seguro de crédito: un aliado para brindar crecimiento con control
Aunque este sector ha crecido de manera sostenida y presenta un dinamismo importante también implica riesgos financieros.
La industria del vino opera con ciclos largos de producción, inversiones intensivas y ventas a crédito tanto en el mercado nacional como en exportaciones.
Aquí, el seguro de crédito juega un papel estratégico para:
- Proteger cuentas por cobrar frente a impagos de distribuidores y clientes.
- Facilitar acceso a financiamiento, al mejorar el perfil de riesgo ante bancos.
- Respaldar la expansión internacional, especialmente para bodegas medianas.
En un sector donde la inversión madura con el tiempo y la liquidez es clave, gestionar el riesgo comercial es tan importante como cuidar la calidad del vino.
