Las empresas familiares son aquellas cuya administración y propiedad están principalmente en manos de una o varias familias. En México, estas compañías operan bajo el marco legal general que afecta a todas las sociedades mercantiles y no cuentan con una figura jurídica propia ni con leyes específicas que regulen su actividad.
Sin embargo, sí enfrentan desafíos únicos que analizamos en este artículo, en el que también repasamos su impacto en la economía mexicana.
Radiografía de la empresa familiar en México
Cuando se habla de empresas familiares exitosas, vienen a la mente gigantes como, Femsa, Grupo Bimbo, Cemex, Soriana, Grupo Bal, Grupo Maseca o Chedraui. Sin embargo, son las más de 5.5 millones de micro, pequeñas y medianas empresas, las que hacen de México el quinto país con más empresas familiares en el mundo, de acuerdo con un estudio de la Business Families Foundation (BFF).
De hecho, el Global 500 Family Business Index de 2025 elaborado por EY y la Universidad de St.Gallen afirma que México es el país de Latinoamérica con más empresas familiares al liderar dicho ranking regional en ingresos totales.
La realidad es que las empresas familiares en México son el motor económico del país, al representar cerca del 90% de los negocios a lo largo de toda la república mexicana, generan más del 70% del empleo y aportan más del 80% del PIB nacional, de acuerdo con diversas fuentes como el INEGI, Revista ISTMO, TEC de Monterrey, y estudios de consultoras (KPMG, PwC)
¿Qué retos enfrentan las empresas familiares en México?
La organización Pymes en México sitúa la tasa de no sobrevivencia de estas empresas en alrededor del 75%, al no lograr superar los primeros dos años de vida. Para el Centro de Investigación para Familias de Empresarios BBVA (CIFEM), la mitad de las empresas familiares en el país enfrentan la posibilidad de desaparición por conflictos en el núcleo familiar.
Las empresas familiares enfrentan vulnerabilidades muy particulares. Para asegurar su supervivencia, es vital identificar los cuatro pilares de riesgo que suelen conducirlas a la quiebra:
- Crisis de Sucesión. Que se manifiesta en dos extremos:
- Desinterés generacional: Cuando el fundador impone un legado que no se alinea con las pasiones o proyectos de vida de sus herederos.
- Conflicto de poder: La disputa por el control total entre múltiples herederos, lo que fragmenta la dirección y genera fracturas emocionales irreparables.
- Vulnerabilidad Financiera. Derivada de una gestión reactiva y no proactiva donde los problemas surgen por:
- Estructuras de capital deficientes y dependencia de financiamientos limitados.
- Falta de planeación estratégica, lo que deriva en un sobreendeudamiento que asfixia la operatividad.
- Falta de Profesionalización e Institucionalización. Muchas empresas en México operan bajo la “intuición” del dueño, ignorando que no especializarse o actualizarse de forma académica para puestos productivos clave o administrativos, sumado a la ausencia de un Gobierno Corporativo impide una toma de decisiones objetiva. Además de ello, no establecer procesos institucionales limita el crecimiento y pone en riesgo la continuidad del negocio.
- Resistencia a la Adaptación. El éxito pasado puede ser el peor enemigo del futuro. El estancamiento ocurre por:
- Aferrarse a fórmulas obsoletas en la forma de producir o servir y rechazar la transformación digital.
- Desatender las nuevas demandas del mercado, convirtiendo a la organización en una entidad lenta, anquilosada e ineficiente.
Estos posibles sucesos, en un país donde la mitad de los emprendimientos son informales, son algunos de los retos actuales de la economía mexicana.
